Integrantes:
María Alejandra Parra C.I. 15.437.405
Leyda Adarmes C.I. 12.633.671
Luis Santiago C.I. 12.838.904
Loyda Zambrano C.I. 12.201.027
Bárbara Díaz C.I. 19.265.504
ANÁLISIS CRÍTICO SOBRE EL CÓDIGO DE
ÉTICA DOCENTE
Ser docente, es producto de la formación profesional, pero la formación
profesional del docente aún sigue el camino del convencionalismo y no se dirige
a fortalecer ni a destacar las características de un docente de excelencia,
experto en el hacer, seguro en su ser y competente en el proceso de conocer. La
formación de pregrado ha quedado estancada demasiado confiada en la academia
del aula de clase universitaria y en las comodidades de la discusión teórica
colectiva. Sin percatarse de las potencialidades de la formación en la acción y
de la tutoría de maestros y profesores de experiencia. La docencia, es una
función compleja y complicada que va más allá del aula de clase de la escuela.
La profesión docente en la actualidad es muy cuestionada debido a los
grandes retos que se enfrentan en la sociedad, de allí surge la búsqueda
constante de nuevas alternativas que permitan facilitarle a los y las docentes
la solución de problemas a nivel pedagógico y personal para lograr un
desarrollo integral eficaz en el desenvolvimiento de su práctica Professional,
algunas propuestas que hacen referencia al caso es el análisis de un código de
ética docente que enmarca el primer deber de los profesionales de la docencia
como servir a su país como líder crítico y reflexivo en el centro de trabajo y
la comunidad donde esté ubicado, debe tener como motivación la vocación por su
trabajo, responsable, cariñoso, amable. Deberá ejercer con estricto apego y
respeto a los valores morales, individuales y sociales, tomando en cuenta las
costumbres y tradiciones donde labora.
El docente debe formar parte integral de la profesión pedagógica, el
respeto, la dignidad de todas las personas, el pluralismo y la tolerancia con
las ideas políticas, religiosas y filosóficas, la responsabilidad y la
honradez. De igual manera debe mantener una vida pública y privada ejemplar,
que vaya en concordancia con los valores impartidos. En líneas generales la
conducta del docente debe ajustarse a las reglas del honor y la dignidad. El
docente debe comprender que su labor es un servicio público enmarcado en el
humanismo y el constructivismo más que en el lucratismo.
Todo docente debe respetar y cumplir cabalmente las leyes y reglamentos
que rigen a la profesión docente. Ejercer su rol con estricto apego
a los derechos humanos. Esta dentro de sus funciones promover programas que
impidan la discriminación sobre la base del sexo, estado civil, raza, clase
social. Dentro de su ética está el asistir puntualmente a su jornada de
trabajo y aprovechar el tiempo destinado a las actividades educativas
cumpliendo con las políticas educativas.
El docente se debe caracterizar por: poseer creatividad y
entusiasmo en la realización de su ejercicio. Planificar en función a los
intereses y necesidades de los niños. Utilizar las herramientas y
recursos que tenga a su alcance para facilitar el aprendizaje a los
educandos. El docente debe ser investigador. Ser innovador. Actualizar
sus conocimientos en pro de sus educandos. Promotor incansable de los
deberes y derechos ciudadanos. El docente debe ser humilde, expresivo,
flexible, afectivo y colaborador. Estar siempre atento a la conducta del
estudiante para apoyarle en cualquier situación que así lo requiera.
Guiar y orientar siempre en la búsqueda del bienestar social colectivo.
El docente institucionalmente debe mantener un ambiente armónico y de
fraternidad entre los compañeros de la familia escolar, cumplir
cabalmente con los recaudos administrativos e institucionales. Promover la
preservación y conservación de las instalaciones y áreas verdes del
Plantel. El docente debe vestir adecuadamente en su lugar de
trabajo. Mantener un ambiente de trabajo favorable y armónico, evitando
comentarios despectivos y destructivos hacia la institución y sus
compañeros.
El docente con la comunidad debe ser promotor de la integración y
participación de los integrantes de la comunidad en la realización de
actividades culturales, deportivas que fomenten los valores y la unión entre
ambas. Ser activo y protagónico en el trato y las acciones ejercidas dentro del
ámbito comunitario. Deberá guardar compostura en sus acciones,
vocabulario y trato a los integrantes de la comunidad a manera de ser símbolo
de ejemplo positivo a seguir. Contribuir al bien común destacando la
integración del colectivo con la institución a fin de hacerlo sentirse
protagonista de la construcción del aprendizaje de sus hijos. Fomentar
talleres con sus alumnos y representantes para el rescate de valores dentro y
fuera de la institución Cuidar la entrada a la institución de personas en
vestimenta adecuada. Ser proactivo dentro de su entorno escolar.
Si hablamos de relación docente-alumno debe ser respetuoso aceptar
críticas constructivas, propiciar estrategias para su aprendizaje, aceptar
ideas, guiar, ser: Comunicativo-Honesto Orientador-Reflexivo-Responsable. Más
que docente, formador, instructor, padre, amigo, compañero, una mano que brinde
confianza, seguridad, conocimientos, saberes, que sea capaz de formar un ser
humano integral tanto cognitiva como emocional e espiritualmente, que forme
para la vida.
La docencia de excelencia integraría todas las tareas y funciones que van
más allá del tiempo del salón de clase. Las personas son como un iceberg, su
mayor valor está oculto. Descubrir esas habilidades y sacarles partido más allá
de su lado más visible, es la clave para gestionar el aprendizaje. Son tantos y
tan graves los problemas en educación, son urgentes y exigentes las tareas qué
nos convocan a los educadores, que al hablar del docente bien, poco tiene que
ver con el cúmulo de debilidades, esfuerzos problemas y esperanzas de cada uno
de nosotros que somos quienes estamos llamados a ser esos docentes ideales.
Necesitamos docentes que enseñen a ser, enseñen a aprender y enseñen a
convivir. Es decir, se trata de que cada uno de nosotros enseñemos a ser,
enseñemos a aprender y enseñemos a convivir. Esto se dice fácil y hasta resulta
evidente. El problema empieza cuando uno entiende que sólo es posible enseñar,
o sea, ayudar a ser persona si uno se esfuerza por serlo plenamente, por crecer
hacia dentro, si acepta que para ser educador hace falta reconocerse como un
educando de por vida.
Por otra parte, sólo enseñará realmente a aprender el que aprende a
enseñar, del mismo modo, que enseñar a convivir exige que uno conviva al
enseñar, es decir, que convierta la clase en un lugar de democracia profunda.
Necesitamos ser docentes antes que otra cosa, seamos educadores. Ser maestro,
educador, es algo mucho más complejo, sublime e importante que enseñar
matemáticas, biología, inglés o lectoescritura. Educar, es alumbrar personas
autónomas, libres y solidarias, dar la mano, ofrecer los propios ojos para que
otros puedan mirar la realidad sin miedo ofrecer nuestras manos, para que
puedan escribir y expresarse, nuestras piernas para que puedan llegar al salón
de clase y nuestros oídos para que puedan escuchar y nuestros brazos para
ofrecerles el amor que tanto necesitan. El quehacer del educador es misión y no
simplemente profesión. Implica, no sólo dedicar horas, sino dedicar alma. Exige
no sólo ocupación, sino vocación.
|
|

No hay comentarios:
Publicar un comentario